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Seamos topos
Viernes, 08 de Noviembre de 2013 00:00
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Como en las calles de los TTOO no podían mostrarse ni rebelarse, se inventaron unas nuevas. A los pocos días eran miles las personas y cientos las tiendas con una gestión improvisada de los servicios mas básicos: comida, agua, seguridad, medicinas, etc.

Una nueva ciudad, con sus “calles”, claro. Esa fue su segunda mayor victoria. La primera fue que nadie pudo verlo venir.

Hasta que su oponente usó la brutalidad para conseguir la derrota. Mostrando la fuerza. Su verdadera cara. Esa que esconden con el mismo esfuerzo con el que intentan apropiarse de nuestras victorias; ocultándolas o apropiándoselas.

Gdeim Izik. Aniversario de dos victorias invisibles y una derrota visible.

 

Valorar hoy el recuerdo de algo como Gdeim Izik, escapa a los conceptos de rabia o esperanza, frustración o alegría. Quizás debamos empezar a acostumbrarnos a hablar más de victorias y derrotas visibles o invisibles, esas que nos muestran una realidad con tan solo certezas líquidas o volubles, difíciles por tanto de calificar.

Sin embargo, en este estado de confusión o indefinición, este campamento nos mostró nuevas pistas de un mapa que puede acompañarnos para actuar en la realidad actual. Algo que, ya hace tiempo, unos expertos en optimismo político y creatividades estratégicas explicaron al contar sus tácticas de acción, la estrategia para conseguir esas victorias de batallas que se ven menos. Para ello utilizaron la siguiente metáfora: seamos topos, de esos que arruinan los impolutos jardines del perfecto ciudadano ejemplar. Éste nos perseguirá de forma implacable primero, con trampas vulgares. A nadie de su entorno le importará, los vecinos más bien le mirarán con cierta comprensión. Pero este hombre, viendo que no funciona los métodos mas suaves, buscará otros mas expeditivos, e instalará trampas en las que caerán los perros de la zona, alarmas ahuyentadoras que molestan por la noche, vayas electrificadas que hieren a los paseantes, etc. Los vecinos empezarán a no verle con tanta simpatía, pero a él todo le da igual y hará lo que sea para acabar con los molestos topos, que noche tras noche, desbaratan su jardín, y que rara vez asoman al exterior. Al final, enloquecido de rabia, un día se disfrazará de topo y les esperará armado para dispararles al caer el sol. Por la mañana, los vecinos hartos y asustados, echarán del barrio a este loco peligroso, mientras los topos felices y libres, seguirán comiéndose su lustroso césped.

Gdeim Izik nos habló de muchos topos escondidos en los TTOO calentándolo durante años con revueltas, manifestaciones y concentraciones. Muchas de ellas apoyadas por algunos de nosotros, porque ya entonces sentíamos y sabíamos que las luchas se acompañan desde dentro. Apoyos que no buscan representarles, como sí hacen la mayoría de esos políticos que desde aquí se muestran en la luz de sus medios, sin importarles el cinismo de saber que a la hora de la verdad, acabarán quietos, algo a lo que una y otra vez se ven abocados cuando deben morder la mano del amo dinero.

En el mapa que nos mostró Gdeim Izik debemos recordar que con el paso de los días solo les quedó esperar dignamente la derrota, esa que también era su victoria, aprovechando al máximo cada nuevo día de resistencia. Es cierto que no consiguieron ningún derecho, pero quienes allí estuvimos, no podemos olvidar el increíble coraje con el que se defendieron ante un ejercito despiadado. Tras ello, lo único que pudo hacer el agresor fue mostrar las respuestas aisladas de violencia, que en semejante contexto, resultó grotesco. Como grotesco fue el juicio a los “culpables”. Así son sus victorias. Tan visibles que apestan.

También la historia global nos ha enseñado que basta una sola gota de sangre resbalando por el trono para que el pueblo sepa que alguien ha dicho no al tirano. Por eso las mechas, y las noches ya calentadas de otros lugares, ardieron tras la gota de Gdeim Izik, en aquella imborrable primavera árabe de victorias. Por eso se esfuerzan tanto en mostrar lo menos posible estos ejemplos que enriquecen nuestros mapas, y que son chispas que encienden fuegos que queman tronos.

Pero han descubierto que la mejor manera de ocultar algo es tergiversándolo hasta hacerlo suyo. Por eso debemos seguir aprendiendo estos nuevos lenguajes-trampa, aunque para eso debamos redefinir nuestras acciones y los valores con sus palabras perdidas: solidaridad, democracia, humanidad, paz, progreso, militancia, victoria, rebeldía...

Podría entenderse también que consiguen con su victoria ocultar las nuestras, pero si leemos en su luz, el Gobierno de Marruecos habla de las provincias del sur, de una monarquía que se abre a Occidente, de unos líderes ancestrales que dicen representar a la mayoría de saharauis, que les apoyan a ellos y no a estos pocos violentos “independentistas”, y dice que hay normalización e integración, desde la reconciliación y la equidad, y rematan hipócritamente denunciando abusos de los DDHH en los campamentos. Según esta verdad suya, un referéndum solo concluiría todo esto con una aplastante victoria. Y sin embargo, no lo permiten. Los enrevesados mapas de esta realidad nos dicen que debe ser porque conocen (y temen) la teoría del iceberg: Gdeim Izik fue con sus dos grandes victorias, la punta momentánea que se ve del hielo, y ellos saben que debajo está lo que realmente importa, lo que mostraban esas victorias, aquello que más temen y que rápidamente quisieron derrotar. Conformaba, oculto, gigantesco y muy unido, lo que de verdad hunde los barcos: esa base que es la dignidad de un pueblo.

Sabemos que construirán nuevos barcos y tronos, pero nosotros tenemos en la memoria el ejemplo de Gdeim Izik, que nos vuelve a enseñar la importancia de conseguir victorias invisibles que sigan haciendo base y alguna visible, que aún arriesgándose a ser tergiversada o derrotada, encienda, una vez más, otras llamas, otros fuegos. Buscaron matar el perro para acabar con la rabia, pero a día de hoy, en los TTOO siguen haciendo manifestaciones semanales calentando nuevas victorias. Y ellos y nosotros seguiremos aprendiendo a usar los mapas actuales, y al robarnos la esperanza, seguimos sintiéndonos cada vez más libre para derrotar su arrogancia.

 

Documental Gdeim Izik: detonante de la primavera árabe