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Dakhla PDF Imprimir E-mail
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El viento barre el ambiente, se lleva la arena a otro lugar, limpia de voces las calles. Pero trae algo. Si acercas la oreja a la pared de una casa de Dakhla puedes oír un gemido ronco. Una voz sórdida que avisa. Se ha dejado llevar por una corriente a través de las rejas de un calabozo y se choca con los muros de las casas, dejando su mensaje en ellas, para que sus habitantes nunca digan que no se les advirtió. Las palabras quedan en el cemento y de ahí saltan al oído.

Se oye al salitre:

“Un monstruo araña mi fondo, enreda mis mareas, engulle mi vida”

“Se lleva el botín a tierras de ladrones ricos, sordos y ciegos”

“Ellos lo alimentan de combustible maloliente, mezclado con sangre y mentiras”

Las gentes del lugar no pueden derrotarle porque este leviatán está armado por los ladrones que lo han domado.

 

 

P. A.