Un anciano Imprimir
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Las puertas de los que deberían tener miedo están blindadas pero suelen estar abiertas.

Los puños llevan apretados una eternidad, blancos de ira, sin golpear a nadie.

Las sonrisas son más brillantes con los cortes de sus labios.

 

Y un anciano saluda, con gesto sentido, con una esperanza que él no recogerá.

Pero saluda afectuoso porque ve una luz para sus hijos,

o para sus nietos,

o solamente para ese momento,

en el que sabe que no están solos.

P. A.