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Gusanos PDF Imprimir E-mail
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Él atrae a las moscas, que ponen sus huevos bajo la piel del dromedario. Las larvas devoran su carne, y son muchas, tantas que abren su pellejo a mordiscos y aparecen como convulsas coladas sobre el pelaje.

No caben más, pero Él sigue arrojando carnaza hedionda alrededor del animal. Y tiene perros bien amaestrados, de ojos verdes como la bilis, que le lanzan bocados a los tobillos, perforándole los tendones y haciendo que se tambalee.

El dromedario sigue los caminos conocidos, se calienta con el sol que siempre ha ardido en lo alto, se oculta de él bajo las viejas acacias, bebe en los mismos oasis que antaño y come los arbustos que pueblan esa tierra seca desde que existe. Pero Él le persigue, paciente, matándole lentamente.

Y en el desierto hay gente que observa. Ninguno de esos pusilánimes apedrea al asesino.

P. A.