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DEL SÁHARA AL MUNDO Emociones de una expulsión apresurada...
Martes, 20 de Noviembre de 2012 10:05
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Después de volar más allá del paralelo 32 y de 900 km de autobús, de un recibimiento cariñoso y agradecido, de una expulsión en dos actos y de 1200 km de taxi...

Después de rebotar de unas dependencias diplomáticas a otras, de ocuparnos de diversas gestiones, de atender a los “mass” medios y a otros medios no tan “mass”...

Después de disfrutar de un tren de los que ya no encuentras en el mundo rico, de un descanso apresurado y del regreso al paralelo original...

Después de un recibimiento cariñoso y bonito como pocos, de una merecida celebración y de una buena sesión de relato y revisión del viaje, después de otro autobús...

Atravieso mi ciudad de madrugada y una llave presa en su cerradura me dice que si abro, todo acaba. Ya en mi habitación una última reflexión extenuada me dice que si me duermo, todo habrá acabado...

Quedarán ell@s. Quedará el recuerdo, y quedará el futuro.

Quedarán ell@s... seres oprimidos, confinados bajo un brazo férreo de impunidad. Sometidos al control de unos matones de barrio que operan a placer. El Aaiún, ¿una ciudad sin ley? Donde no sabes si es mejor encontrarte con una atajo de matones o con eso que dicen que es la policía. Pues lo mismo da o lo mismo parece.

Y esos seres, sabios, fraternos y luchadores, se quedarán esperando y resistiendo...

Esperando... que un día podamos volver.

Volver y contar a nuestra vuelta. No nuestro periplo como esta vez, sino el suyo, el de la opresión y la represión, el del abandono y el olvido de un gobierno, el español, que no tiene valor para afrontar las consecuencias de su pasado, antaño colonizador y aún el legal administrador de aquella tierra, el Sáhara Occidental.

 

 

Volver. Y contar, las consecuencias del olvido injusto de los poderosos del mundo, del sometimiento a un régimen primitivo, tosco y marcial. Un gobierno, el de Marruecos, que se presenta al mundo como el moderno de África, alardeando de su incipiente desarrollismo y simulando movimientos para-democratizadores mientras extorsiona y pisotea un pueblo inocente con el sólo propósito de exprimir sus fuentes de riqueza, aquellas que pueda ir a vender a un mercadillo internacional de intereses y prebendas donde a nadie le importa el origen ni la legitimidad de la mercancía. Aprovechándose, como si del listillo de la clase se tratara, de su posición privilegiada de ser limítrofe con el sur de Europa.

Esperando...

Que un día sus hermanos puedan volver del otro lado de la frontera con Argelia. Esperando que un día los dichosos equilibrios geo-políticos de este planeta les permitan existir, libres y dueños, de sí mismos y de su tierra. Entonces el mundo entenderá qué buena idea era tener un Sáhara libre e independiente, un país de almas generosas y hospitalarias, de costumbres ancestrales y de una historia llena de sabiduría. Una porción del planeta rica en recursos, preciosa en paisajes, privilegiada con 1000 km de costa atlántica orientada a poniente, donde admirar el ocaso, donde pescar, donde vivir, donde amar...

Un lugar del que ellos puedan salir y volver a entrar cuando quieran. Un lugar al que nosotros podamos ir a verles cuando queramos.

Y resistiendo... y luchando. Demostrando una dignidad y una esperanza dignas de admiración. Enseñándonos cada día que nunca es tarde, que nadie es poco, que siempre se puede...

Quedará el recuerdo. Su recuerdo. El de su cariño y su agradecimiento, aunque sólo fuera por llegar hasta allá, aunque sólo fuera por dos horas de compañía y resistencia. Y quedará otro recuerdo, dulce, el de mis compañeros de viaje, los que vinieron y los que viajaron sin venir, nuestra particular familia. Quedarán las asambleas in-itinere, las decisiones apresuradas, los momentos de presión, y los de descompresión. Las risas, alguna lágrima, el sabor dulce de una convivencia y una cooperación de éxito, de nuevos amigos. De nuevos hermanos.

Quedará el recuerdo amargo, el de un gobierno, el Español, al que todos pagamos para tener una embajada y siete consulados en Marruecos y ninguno de ellos considera que debe hacer nada al respecto de una expulsión ilegal y primitiva a 23 de sus ciudadanos. ¿Marruecos es Marte?, ¿o está en este planeta?.... ¡que alguien me lo explique, por favor!

Y quedará el recuerdo del recuerdo. El de los seres queridos que esperaban impacientes, a menudo desinformados, una noticia, unas palabras, un moderno mensaje de móvil...

Quedará la fuerza alimentada por la frustración, las ganas de volver y de que otros vuelvan. Vuelvan y cuenten. Las ganas de seguir. Quedará el futuro, el “hacia delante”. Pues la necia actitud del gobierno marroquí no provoca sino la multiplicación de nuestras fuerzas y aumenta en exponente la difusión de nuestra experiencia. Cada viajero, cada observador expulsado, se extenderá en su pequeña comunidad como una mancha de aceite en el mar. Cada uno llegará aún más lejos de lo que hubiera imaginado en un principio.

Quedará el futuro. Quedará aún todo. Todo lo que aún haremos y podremos hacer. Queda un camino de lucha y esperanza, queda la ilusión y la imagen de una Sáhara independiente, libre y dueño. La imagen de los saharauis disfrutando por fin de su país. Porque, saharauis, como dice Joan Garriga, “la chispa de vuestra mirada, es un farito pa nuestro bajel”1.

Y quedará un camarada, amigo y mejor compañero, ese melenudo y canoso que de tanto ayudar al pueblo saharaui, ya parece un saharaui. Que un día depositó en mí su confianza y exprimió nuestra complicidad. Gracias a ti, que creiste en nosotros. Gracias a ti, que nos brindaste esta oportunidad y nos ofreciste un lugarcito en esta pequeña revolución.

 

Iñigo Gutiérrez

 

 

1 Adaptado de “Mírame” (Clavell Morenet), La Trova Kung-Fú.