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Testimonios
Testimonio de un jóven activista saharaui, Ahmed Ettanji
Jueves, 06 de Octubre de 2011 10:56
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NC Octubre 2011

 

 

 
TESTIMONIO SILVIA GARCÍA SOBRE BACHIR YAYA
Lunes, 07 de Febrero de 2011 08:24
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En el momento en el que me encontré con Bachir Yaya, el ejército marroquí llevaría cerca de una hora desmantelando el campamento de Gdeim Izik.

Yo estaba corriendo. Momentos antes un saharaui me había indicado que era el momento de correr y todos lo hacíamos. El ejército marroquí avanzaba sin dejar nada a su paso.

Llegué a la altura de la casa de la pastora. Era una construcción alrededor de la cual se había instalado el campamento. Allí estaba Bachir, llevaba la nariz y la boca con restos de cebolla, ya que con ella nos cubríamos del efecto de los gases lacrimógenos.

Entramos dentro. Era una casa con varias estancias. Calculé que habría unas cincuenta mujeres y unos siete u diez niños. No me alejé de la puerta. Había un hombre en el suelo, con la cabeza ensangrentada y su sangre manchó mi melfa. En ese momento, vi a Chejk Banga

Enseguida Chejk y yo nos fuimos a la puerta en donde se encontraban Bachir y dos chicos más. Los marroquíes la estaban intentando tirar abajo. Nosotros hacíamos piquete para que no entrasen. Intentábamos que los golpes que daban los marroquíes no nos separaran de la puerta. Era imposible.

Los gritos de las mujeres no cesaban.

El ejército marroquí comenzó a desatar su violencia rompiendo las diferentes ventanas que tenía la vivienda y acto seguido se subieron al tejado. Encima de nuestras cabezas, en el tejado, había una ventana con hierros, cubierta por unas planchas de plásticos que los militares no tardaron en quitar. La lluvia de rocas comenzó. Las mujeres gritaban. Un militar metió una porra (enorme) entre los hierros y señaló a Bachir. Lo buscaban.

Las mujeres comenzaron a hablar. A los pocos minutos varias mujeres se acercan a la puerta y hablan con los chicos con los que me encontraba haciendo el piquete.

Terminamos quitándonos de la puerta y moviéndonos a la estancia que hacía las veces de cocina. Allí estábamos, varias mujeres con varios niños, un joven en silla de ruedas, Bachir, Banga, tres o cuatro chicos más y yo.

Los militares entraron en la casa.

Comenzaron a sacar a todas las mujeres. En la cocina un militar enorme se puso en el umbral de la puerta e indicaba a las mujeres que salieran. A los chicos los arrinconaban. Me sacan fuera y vuelvo a entrar. A los pocos segundos, un militar me empuja al exterior.

Las mujeres y los niños formábamos una hilera que salía de la casa, la cual estaba rodeada por cientos de militares. Nos pegaban en la cabeza cuando íbamos pasando. Nos alejaron unos cincuenta metros de la casa y nos sentaron en el suelo. A continuación comenzaron a rodearnos.

Gdeim Izik estaba totalmente arrasado. Lo que unas horas antes era un campamento lleno de haimas y de vida, ahora se mostraba como un paisaje desolador en donde no quedaba nada ni nadie en pie. Había coches volcados, totalmente calcinados. Los militares marroquíes se paseaban entre los restos de las haimas recogiendo diferentes objetos como alfombras, maletas o mantas entre otros. Estaban saqueando el campamento después de haberlo destruido.

Fuera de la casa había un grupo de hombres saharauis con las manos atadas que estaban siendo golpeados por grupos de militares que se acercaban les golpeaban y se alejaban. A continuación llegaba otro grupo y hacía lo mismo.

Los chicos, seguían dentro de la casa con un buen número de militares.

Al tiempo, sacaron a Bachir. Tenía las manos atadas a la espalda e iba con un militar a cada lado. Lo situaron enfrente de nosotras y lo tiraron al suelo. Pusieron un coche en medio, pero se podía ver perfectamente por la parte de arriba del coche como las porras subían y bajaban y por la parte de abajo, las patadas que iban y venían sobre Bachir. Eran muchos los militares que le rodeaban. Muchos frente a uno solo.

En este momento, un soldado se coloca justo enfrente de mí, lleva un arma que sujeta con sus dos manos.

Aparecieron varios coches. Metieron a Bachir en la parte de atrás de uno de ellos y se lo llevaron. Iba totalmente desfallecido.

A continuación, sacaron de la casa a Banga. También llevaba las manos atadas a la espalda e iba recibiendo porrazos en la espalda a cada paso que daba, de un par de militares. Lo metieron en otro coche y desapareció. Lo mismo ocurrió con los otros chicos, los fueron sacando de la casa, les pegaban delante de nosotras, los metían en los coches y se los llevaron. A Bachir y a Banga se los llevaron solos, cada uno en un coche.

Entre las mujeres, se encontraban la madre y varias hermanas de Bachir, que vieron como se llevaron a su hijo y hermano. Fuimos objeto de insultos cada vez que pasaba un coche militar marroquí con varios soldados dentro. Pasaron más de cien vehículos. Muchos más. Tras varias horas, las mujeres comenzamos nuestro camino hacia El Aaiún.

Supe de Bachir Yaya a los días del asalto y posterior saqueo a Gdeim Izik, estaba en la Gendarmería. A los días de estar allí, pasó a la Cárcel Negra de El Aaiún.

 

 



 
TESTIMONIO SOBRE EL ASESINATO DE ELGARHI NAJEM Imprimir
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Esta entrevista fue realizada ayer 29 de Octubre de 2010, en el campamento de Gddeim Izik. La frustración que supone el bloqueo mediático que esta llevando a cabo Marruecos no permite esclarecer las circunstancias en que se produjo el asesinato del joven de catorce años El Garhi Najem.

 

 

 

 
TESTIMONIO DE LA FAMILIA ALAUI
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La familia de los hermanos Alaui, agredidos el pasado domingo 24 de octubre, por el Ejército marroquí, relatan su experiencia y el infierno que están viviendo. Viajaban en dirección al Campamento de la Dignidad, en El Aaiún ocupado, cuando los militares abrieron fuego contra su vehículo al saltarse el control de carretera. El Garhi Najem fué asesinado, y sus compañeros, entre los que estaban los hermanos Alaui, se encuentran en el hospital heridos de gravedad.




 
Juicio a Kenán
Viernes, 24 de Septiembre de 2010 18:54
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Se necesita que observatorios jurídicos envíen a sus representantes al juicio, el 29 de septiembre, a las 16 h., en Casablanca.

 

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